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Sandra y Javier, una boda moderna y divertida

Boda de Sandra y Javier

Javier y Sandra tenían muy claro que su boda debía llevar su sello personal y resultar de lo más alegre y divertida tanto para ellos como para sus invitados. Por ello se pusieron manos a la obra y planearon cada momento de la boda siempre con el fin de hacer a sus invitados partícipes de su felicidad.

Una romántica pedida al atardecer

¿Qué más se puede pedir cuando se tiene todo: el mar y un precioso atardecer?

Javier no se lo pensó dos veces, invitó a Sandra a dar un romántico paseo al atardecer, como cada tarde durante sus vacaciones, y en el lugar preferido por la pareja. Lo llevaba preparando desde hacía un tiempo, y Sandra no sospechaba nada, así que se lanzó sacando el anillo que había ocultado durante tanto tiempo de su bolsillo…

-¿Quieres pasar el resto de tu vida a mi lado?…

Como respuesta a tan inesperada pregunta y romántica proposición, Sandra se quedó momentáneamente sin palabras, lloró de alegría y por supuesto, respondió maravillada con un tímido pero contundente: “¡Sí!”.

Y ahí comenzó todo: elegir una fecha, un lugar especial y planificar todo al detalle, ¡comenzaba la carrera hacia el altar!

La boda

Después de un año de preparativos el día B todo transcurrió como la seda.

Sandra y Javier se dieron el “Sí, quiero” en la Iglesia de San Braulio. Una Iglesia que para ellos era muy especial, ya que fue el lugar donde años atrás se casaron los padres de la novia.

Antes de comenzar el banquete, los novios quisieron amenizar el cóctel de bienvenida de forma diferente, con un grupo flamenco y música en directo. La diversión comenzó desde ese mismo momento, ya que los novios habían dejado para sus invitados un divertido y peculiar photocall con forma de coche, en el jardín. A la vez que podían dedicar unas palabras a los novios en su libro de firmas.

No faltó un inesperado y emotivo discurso por parte de los novios para recordar a aquellos familiares tan queridos y que ya no están, acompañado de una suelta de globos blancos y una balada especial “No dejes de soñar”, de Manuel Carrasco. Sin duda, uno de los momentos más emocionantes de la boda.

El menú de la boda

Siempre es difícil determinar cuál fue el plato preferido de los invitados, y más cuando entre los diferentes platos del banquete son una Mariscada Real (con bogavante fresco de Cántabrico, espléndidas cigalas tronco, langostinos de Vinaroz, gambas de Huelva y navajas gigantes a la plancha) y de segundo tienes: chuleta de ternera blanca de Ávila o solomillo de ternera en medallones…Los novios creen que el plato que más gustó fue la Mariscada Real, por las innumerables fotos que los invitados le dedicaron 😉

Las sorpresas de la boda

Fue una boda donde no faltaron sorpresas por uno y otro lado:

Discursos de familiares y amigos muy queridos (de María y Antonia, prima y tía de los novios) hacia los novios, y también de la mejor amiga de la novia, Rebeca. Jotas dedicadas de su prima Silvia. Una entrada muy divertida, donde los novios habían preparado un baile sorpresa con la coreografía de Grease.

No faltaron tampoco los regalos a familiares y amigos, vídeos muy emotivos y una actuación sorpresa donde tíos y primos se lanzaron a cantar un par de canciones (“Por ti seré” y “Hasta mi final”).

Hasta el novio tuvo su propia sorpresa, ya que la novia organizó una coreografía junto a sus amigas que mantuvo en secreto hasta ese día y a la cuál dedicaron muchas horas de trabajo, lo que dejó a Javier con la boca abierta.

En definitiva, un día tan especial para novios e invitados repleto de felicidad, emoción y alegría.

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